Eduardo Chillida

San Sebastián, 1924-2002

Eduardo Chillida

A los diecinueve años, Eduardo Chillida, inició los estudios de Arquitectura en la Universidad de Madrid, pero los abandonó para dedicarse a la escultura. No obstante, algunos preceptos aprendidos fueron de vital importancia en la ideación conceptual de sus posteriores trabajos escultóricos, como la relación entre volúmenes y espacio. Antes, en su ciudad natal, fue portero titular de fútbol de la Real Sociedad. 

En 1948 se traslada a París y comienza una amistad con el pintor Pablo Palazuelo. Allí realizará sus primeras esculturas de yeso, impresionado y fascinado por la escultura arcaica griega del Museo del Louvre. Son esculturas figurativas: torsos humanos tallados en yeso como forma, pensadora, maternidad, torso o concreción, que empiezan a tener un sentido más monumental. Los juegos de volúmenes y los valores de la masa lo acercan al lenguaje de Henry Moore. 

En 1951, se instalará en el País Vasco con su esposa, en la localidad guipuzcoana de Hernani y comienza a trabajar en la fragua de Manuel Illarramendi, donde aprende los secretos del arte de la forja. El hierro introduce en la trayectoria de Eduardo Chillida, un cambio fundamental emprendiendo un ciclo de esculturas en las que aumenta su preocupación por la introducción de espacios abiertos. 

Con la escultura “Ilarik”, su fama creció enormemente, llegando a exponer en ciudades de todo el mundo como: Nueva York, París, Milán o Madrid. Fue su primera escultura abstracta, la cual supuso un antes y un después en su trayectoria artística. Austera y primitiva; en la que el hierro y la madera se integraban desmintiendo la vieja jerarquía entre estatua y peana, asentando conceptos constitutivos como el espacio, la materia, el vacío o la escala de su futura obra. 

Eduardo Chillida huye de la imitación de la naturaleza y va en busca de la creación e invención, planteando un problema espacial en cada una de sus obras que resuelve con la ayuda del material según sus propiedades o características; más allá de la materia y la forma, quiso expresar una concepción ética, mística y trascendental de la existencia.  El trabajo de Eduardo Chillida, consiste en definir el vacío que anima la materia. Labra el hierro, esculpe el granito, el alabastro, el acero, la madera, modela la arcilla… concibiendo laberintos imaginarios; optará por unos materiales u otros dependiendo de las posibilidades estructurales de los mismos. Se caracteriza por su introducción en los espacios abiertos, tomando la calle, integrándose para formar parte de ellos y acercarse así a cualquier persona que lo desee. Las esculturas de Chillida se encuentran frente al mar, en la montaña y en ciudades de todo el planeta. 

En septiembre del año 2000, Eduardo Chillida, ve realizado uno de sus grandes sueños, constituyó el museo Chillida-Leku (Casa de Chillida) en el caserío de Zabalaga en Hernani. Es una construcción tradicional vasca remodelada por el escultor y rodeada de un gran espacio de prados y bosques que alberga la obra del artista. Un museo a la medida de sus obras: al aire libre, en un paisaje privilegiado donde obra y medio se integran a la perfección y donde se funden el arte y la naturaleza. El visitante recorre el espacio dejándose guiar por su intuición. No sólo fue un legado para el artista, supo reinventar la escultura para llenarla de nuevos significados. Hoy en día es uno de los referentes culturales del País Vasco. 

La obra de Eduardo Chillida ha quedado representada en los principales museos y colecciones de arte de Europa y Estados Unidos. Ha recibido infinidad de condecoraciones y de premios a lo largo de su vida como: el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1987 y la Orden de Japón en 1991; además de participar entre otros en: la Bienal de Venecia, el premio Carnegie o el Rembrandt. Fallece en 2002 San Sebastián.

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