Jaç
Barcelona, España
Madera, café y sonido se unen en el nuevo local Jaç diseñado por Isern Serra. Cuando la arquitectura invita a detenerse.
Aquí el café no se bebe corriendo ni con el portátil abierto. Jaç propone un cambio de ritmo y de concepto. Ubicado en el Eixample barcelonés, este nuevo espacio diseñado por Isern Serra recupera una tradición nacida a miles de kilómetros para reinterpretarla desde una sensibilidad mediterránea. El resultado no es solo una cafetería de especialidad ni un bar de vinilos: es un lugar concebido para escuchar.
La inspiración procede de los jazz kissa, los pequeños y tenues cafés japoneses que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial como refugios para los amantes de la música. En una época en la que pocos podían permitirse discos o equipos de alta fidelidad, estos locales ofrecían una experiencia casi ceremonial. La conversación pasaba a un segundo plano, los altavoces ocupaban el lugar protagonista y cada álbum se escuchaba con la atención de un concierto. Eran auténticos templos del sonido.
Jaç recoge ese legado, pero adoptándolo al carácter de Barcelona. Traduce la filosofía cercana y social de los kissa sin reproducir su solemnidad. El propio nombre resume esa intención: jaç significa en catalán recostarse, descansar y dejarse llevar. Una invitación a detenerse en una ciudad: nada más y nada menos.
El interiorismo convierte esta idea en una experiencia tangible. En apenas 95 metros cuadrados, el estudio ha construido una secuencia de espacios donde arquitectura, mobiliario y sonido funcionan como un único lenguaje. La madera de nogal, el microcemento en tonos cálidos, el acero inoxidable, las curvas y la iluminación cuidadosamente dosificada componen un ambiente sobrio y refinado. Todo responde a la misma idea: recuperar el placer de detenerse y disfrutar sin prisas.
“La iluminación se trató como un elemento arquitectónico más: cada pieza ha sido elegida no solo por su forma, sino por cómo construye atmósfera, marca transiciones y enmarca momentos dentro del café. Lámina de Antoni Arola y Disco de Jordi Miralbell y Mariona Reventós se escogieron porque ambas remiten a la estética japonesa: simplicidad y luz cálida e indirecta. La primera la situamos justo encima de la mesa a medida con quien comparte material: las dos son superficies de inox. Además, aporta el mismo juego de la curva que también se refleja en las paredes de madera. Para mí es un lámpara de gran belleza, sencilla, una luz larga que centra el espacio. En cuanto a la segunda, es un clásico simple pero contundente que aporta una sensación muy agradable, un contraluz a través de un círculo metalizado que evoca los altavoces de esa misma pared. También la pusimos en la fachada como elemento icónico del espacio”, explica Isern.