Nuestra sede se encuentra en Parc de Belloch, hoy una extensa finca de unas 200ha a 30 km al norte de Barcelona, camino de Francia. Lejos del bullicio de la ciudad, en sintonía con la naturaleza. Belloch es donde cultivamos árboles e ideas, donde hacemos prototipos y discutimos cada material, cada minucia, toda intención. Sin máquinas.
Historia y arquitectura
Los registros de Belloch (bell lloc, Cat.: hermoso lugar) se remontan al año 972, una finca que perteneció durante siglos a la misma estirpe nobiliaria, hasta que en 1964 fue adquirida por la Diputación de Barcelona a través de la Obra Social de la Caixa con un fin muy concreto: levantar aquí un complejo educativo. El encargo recayó en el arquitecto Manuel Baldrich (1911 – 1966), quien rebajó la parte más elevada del terreno dieciséis metros para crear una gran plataforma donde situar edificios escolares, instalaciones comunitarias y pistas deportivas para más de mil cuatrocientos estudiantes y docentes.
La Residencia Escolar Belloch, terminada en 1965, es hoy un ejemplo del racionalismo catalán de posguerra, con influencias de la arquitectura americana, la Bauhaus y la escuela de Ulm, visible en sus volúmenes y materiales. Los edificios se conectan entre sí por un sistema continuo de porches, organizados alrededor de una plaza central delimitada por los aularios, el comedor y la iglesia; el campanario, como punto de referencia de todo el conjunto.
Conocedor de las tendencias internacionales, Baldrich apostó además por integrar arte y arquitectura. En Belloch invitó a varios artistas a dialogar con el conjunto: Subirachs intervino en la iglesia, Ràfols-Casamada llevó su lenguaje a las vidrieras y Parvine Curie realizó los esgrafiados de los muros exteriores. Montserrat Gudiol y Joan Claret completaron la dimensión artística del conjunto.
Nuestra llegada al campus
En 1992, tras la fusión de la Caixa de Pensions y la Caixa de Barcelona, Belloch pasó a manos de la Fundación La Caixa, que decidió cerrar sus colegios. Cuando nosotros llegamos en 2003, las lecciones todavía seguían escritas en las pizarras. Fieles a esa vocación pedagógica, hemos construido un parque de conocimiento centrado en la gestión, el diseño y la ecología.
La arquitectura de Baldrich, en el que fuera y dentro están íntimamente relacionados, nos permite trabajar con la evolución de las estaciones como telón de fondo. La inteligencia se despierta con los pájaros y las campanas que nos reciben cada mañana. Las aulas son ahora talleres y oficinas, y por los pasillos anchos nos convencemos los unos a los otros a base de argumentos.
Con el paso de las décadas ha ido ocurriendo que, como en esas películas inglesas, el amo ha devenido sirviente. Porque pareciera que ya no es el edificio quien nos sirve a nosotros, sino Belloch quien nos exige, cada día, estar a su altura.
Responsabilidad con el parque
La finca que compramos en 2003 tenía 112 hectáreas. Hoy son casi 200, por la compra progresiva de parcelas vecinas: campos, encinares y caminos que se han ido sumando al conjunto original.
Ese crecimiento nos ha impuesto tres objetivos que no admiten atajos: la autosuficiencia energética, hídrica y alimentaria. Trabajamos con placas fotovoltaicas y balsas de recogida de agua de lluvia. Hemos naturalizado rieras, tendido puentes y construimos huertas y corrales ecológicos que en el futuro abastecerán nuestros comedores.
La finca respira como corredor biológico entre el Montseny y el Montnegre. Por ella transitan ovejas, corzos, jabalíes, patos y garzas. En Belloch Forestal, nuestro vivero propio, hemos criado decenas de miles de árboles y publicamos el Canon de Belloch, un catálogo de especies recomendadas para ciudades de clima mediterráneo. Belloch Forestal cuenta además con la certificación PEFC de gestión forestal sostenible.
Sobre Manuel Baldrich
Manuel Baldrich (1911-1966) fue un arquitecto catalán comprometido con la modernidad y la función social de la arquitectura. Titulado en 1935, trabajó en la Diputación de Barcelona y dirigió la Oficina de Urbanismo, impulsando proyectos que transformaron la vida compartida de la ciudad condal. Obras como Hogares Mundet, el barrio de Montbau y la Piscina Sant Jordi son ejemplos de su visión humanista.