André Ricard. Diseño en uso
Una exposición en el Madrid Design Festival
Soluciones ingeniosas a problemas cotidianos. André Ricard revolucionó el diseño español con un enfoque sencillo y práctico, siempre al servicio de las personas.
André Ricard quería leer en la cama sin despertar a su mujer. De ese deseo nació la lámpara Tatu en 1972: tres partes de rotación independiente, luz y haz regulables, un cuerpo que se adapta al momento. Un problema privado convertido en una solución elegante y carismática. Así trabajaba. André entendía el diseño como una herramienta: la forma más sensata para cada objeto, para que haga lo que tiene que hacer y nada más.
Santa & Cole edita también la lámpara Fontana (1970), un homenaje a Lucio Fontana. Igual que el pintor rajaba sus lienzos, André parece cortar una semiesfera y proyectar la luz hacia afuera a través de la herida. En una España marcada por la dictadura, donde todo estaba aún por inventar, ese tipo de gesto era ya una declaración.
Junto a su amigo Miguel Milá, André Ricard puso a Barcelona en el mapa como referente de la modernidad. La antorcha olímpica vista por mil millones de ojos. El envase de Norit en cada cocina. El cenicero Copenhagen. Diseñó muchos objetos que entraron en nuestras vidas con volúmenes muy distintos, pero todos acabaron, con el tiempo, en todas partes. «André Ricard. Diseó en uso» en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez traza esa trayectoria.
Productos destacados