A pesar de este contraste, Galofré logró plasmar la esencia de Manhattan a través de sutiles trazos que retratan los edificios envueltos en tonos azulados y crema, sin perder la esencia de su estilo pictórico.
La serie de Nueva York de Carmen Galofré es una expresión atemporal de la ciudad y refleja el rechazo de la artista a pensar el mundo como un binomio constante. La pintura es para ella un lugar de encuentro entre la figuración y la abstracción, un cosmos donde se entrelazan diferentes lenguajes pictóricos para conformar una mirada personal, mediterránea.