Carolines

El estudio de interiorismo CA-N reorganiza un pequeño piso trabajando con el volumen, la materia y la escala de dos lámparas: la TMC y el aplique Lamparaprima.

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Barcelona

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Spain

Diseño:

CA-N

Fotografía:

Pol Masip

Antes de la intervención, este piso de los años 30 en el barrio de Gràcia se encontraba dividido y fragmentado. Las pequeñas habitaciones bloqueaban la luz natural y ocultaban las bóvedas catalanas originales tras falsos techos. La cocina, aislada en el fondo, permanecía completamente desconectada de la vida social.

En lugar de limitarse a tirar tabiques solo para que sus 70 m2 se percibieran más amplios, el estudio de interiorismo CA-N reestructuró la vivienda alrededor de un volumen exento de madera de okumé que alberga la cocina y ordena los recorridos. Este cuerpo central de carpintería se detiene deliberadamente antes de alcanzar el techo, preservando la percepción de la altura y permitiendo que la luz fluya de un extremo a otro.

La paleta de materiales es contenida y táctil: madera de okumé, terrazo, acero inoxidable cepillado, mármol Macael, moqueta. Cada elemento participa en la organización espacial. Así, el terrazo señala los cambios en la geometría de la planta, mientras que una encimera continua de acero inoxidable se prolonga desde la cocina hacia la zona de estar para convertirse en la superficie de un mueble bajo de almacenaje. La proporción, las alineaciones y los distintos grados de intimidad son decisiones que se han desarrollado a partir de las rutinas cotidianas, haciendo que la manera de vivir forme parte del propio proyecto.

En este equilibrio entre la precisión contemporánea y el peso histórico del edificio, la iluminación se plantea como una capa más de la arquitectura. Lámparas exentas y apliques conmutados construyen la atmósfera doméstica a una cota más baja y cercana.

TMC 1961, Miguel Milá

En la transición entre la cocina y el salón, la icónica lámpara de pie TMC (diseñada por Miguel Milá en 1961) dibuja su sobria silueta metálica junto a la madera. Por su parte, en la calidez del dormitorio, bajo la bóveda restaurada, la Lamparaprima de Pete Sans (1979) se suspende a la altura del cabecero de okumé como un poético e ingenioso aplique de lectura sobre la mesita de noche.

“Estas lámparas no son solo elementos de iluminación, son objetos, casi como pequeñas piezas de arte dentro de la casa. Ambas tenían ya su sitio pensado desde que diseñamos el apartamento, porque queríamos que formasen parte del interiorismo, no que fueran una decisión de última hora –explica Xavi Goñi, fundador de CA-N–. También hay una relación de materiales muy clara: el acero tiene gran protagonismo, como en estas dos lámparas. El aplique Lamparaprima sobre la pared de madera generaba el contraste y nos gustaba su ligereza y finura. La TMC, con su verticalidad, encajaba perfecta en esa columna de madera. Son como dos esculturas de acero sobre madera”.

Un gesto sutil que convive con los materiales y la sencillez, haciendo de la arquitectura un lugar más cercano y habitable.

Lamparaprima 1979, Pete Sans