Miguel Milá. A Life in Design

en Twentytwentyone

Un diseñador que creó los objetos que necesitaba en un país que todavía no había descubierto el diseño. Objetos que, con el tiempo, trascendieron los encargos que les dieron origen.

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Miguel Milá (1931-2024) empezó a diseñar muebles y luminarias por necesidad. Diseñaba aquello que no encontraba para los proyectos de interiorismo que desarrollaba en una España de posguerra, aislada en gran medida por la dictadura. En ese contexto de limitaciones, pocas figuras han contribuido con tanta discreción y firmeza a definir el lenguaje del diseño contemporáneo como él.

Esta exposición, comisariada conjuntamente por Santa & Cole y twentytwentyone, recorre décadas de trabajo basadas en la honestidad, el oficio y la utilidad duradera. Desde la emblemática lámpara TMC hasta muebles y objetos menos conocidos, la obra de Milá nos revela a un diseñador con una profunda sensibilidad hacia los materiales y la forma, siempre al servicio de la función. Un legado extraordinario de diseños pioneros, experimentales, diversos, armónicos, influyentes y perdurables.

Cálida, rigurosa y profundamente humana, “Miguel Milá. A Life in Design” celebra una obra que nunca siguió las modas porque nunca las necesitó.

La práctica

Al no encontrar un matamoscas que convenciera a su mujer, Miguel Milá decidió fabricar uno con caña y cuero. También hizo juguetes para sus hijos, felicitaciones navideñas para familiares y amigos, y pequeños objetos sin cliente ni encargo alguno, movido únicamente por el placer de resolver un problema. No son anécdotas al margen de su práctica como diseñador. Responden exactamente al mismo impulso y a la misma forma de disfrutar del diseño.

Para Miguel, diseñar nunca fue una actividad separada de la vida cotidiana. Su trabajo nacía de una atención constante a lo ordinario y de la capacidad de transformar esas observaciones en objetos nuevos, precisos y amables.

Lo que aquí se presenta habla tanto de la persona como del diseñador. Miguel observaba aquello que los demás utilizaban sin apenas reparar en ello. Hacía las cosas con cuidado y sin ceremonia. Con la tranquilidad de quien no tiene nada que demostrar.

Context

En la España franquista de los años cincuenta, los interiores modernos se enfrentaban a un problema evidente: prácticamente no había con qué amueblarlos. Los catálogos de diseño extranjero apenas circulaban y los objetos que demandaba la nueva arquitectura simplemente no existían.

Fue precisamente ese vacío el que llevó a Miguel Milá al diseño. Trabajando en el estudio barcelonés de su hermano Alfonso Milá y de Federico Correa, dos arquitectos comprometidos con la introducción de una sensibilidad racional y moderna en la España de posguerra, empezó a diseñar las lámparas y los muebles que aquellos interiores necesitaban. El herrero de la esquina y el carpintero de la calle de al lado eran sus fábricas.

Según él mismo explicaba, su método tenía poco de metódico. Acumulaba impresiones recogidas en la calle, durante paseos o trayectos en moto, y las dejaba reposar. «Llevo meses pensando en ello», decía cuando finalmente aparecía una idea, «y después parece que haya llegado en un minuto». A eso lo llamaba «intuición documentada».

Los dibujos que se presentan en esta exposición son de Federico Correa. Junto a las fotografías de aquellos interiores, muestran cómo era ese mundo: líneas limpias, superficies despejadas y una nueva manera de habitar. Entre los objetos que aparecen en ellas se reconocen piezas que siguen produciéndose hoy. Lo que empezó como una respuesta a la escasez, un encargo o la necesidad de un cliente concreto, ha terminado sobreviviendo a todos ellos.

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Interior de la casa de Bofill y Fradera, Cadaqués 1956 – 1957, Federico Correa

Industrialización

En 1957, tras el éxito de algunas de sus primeras lámparas, entre ellas la Previa, Miguel Milá y dos arquitectos amigos decidieron crear una empresa para producir y comercializar sus propios diseños. Miguel escribió la palabra «Tramo» en un papel. Así fue la reunión. Así nació la empresa.

Tal como él mismo pretendía, Tramo era el acrónimo irónico de “trabajos molestos”. De niño ya había convertido esa expresión en una pequeña actividad empresarial: asumía las tareas que solían recaer sobre el menor de una familia numerosa, esos recados ingratos que nadie quería hacer, y cobraba a hermanos y parientes por ocuparse de ellos.

Con Tramo, los encargos se transformaron en ediciones. Sus lámparas dejaron de fabricarse para una única habitación en una casa concreta y pasaron a convertirse en objetos capaces de viajar: embalados, etiquetados y enviados a cualquier lugar. «Era un auténtico lujo», recordaba Milá. «Tener cajas impresas me hacía sentir como un industrial.»

Miguel dejó Tramo apenas tres años después. A lo largo de las décadas, sus diseños han sido editados por distintas empresas. Entre todas ellas, Santa & Cole ha desarrollado hasta hoy el catálogo más amplio y completo de su obra.

Tarjeta TRAMO, 1959 (21 × 9 cm)

Fotografía de la puerta de entrada al taller de TRAMO, 1963

TMC 1961, Miguel Milá

Cesta 1962, Miguel Milá

Asa 1961, Miguel Milá

«Miguel Milá conoce la receta de la naturalidad en los objetos desde que tomó un lápiz por primera vez, con la misma intuición con que un buen cocinero combina ingredientes para extraer lo mejor de sus sabores.»

Jasper Morrison

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