Movan House de SEO Min-Bum

Seúl, Corea del Sur

Group 151

Categoría:

Fotografía:

SEO Min-Bum

Una crónica de SEO Min-Bum

Nuestro primer hogar como pareja oficial fue un pequeño apartamento en el corazón de Itaewon, uno de los barrios más caóticos de Seúl en aquel momento. No teníamos mucho dinero para reformarlo, pero hicimos todo lo posible por crear una forma de vivir que sintiéramos como propia.
Unos años más tarde nació nuestra hija, y el apartamento resultó perfecto para los tres. Tres años después… llegó nuestro hijo. Con cuatro personas, el espacio empezó poco a poco a quedarse pequeño.

Tras muchas conversaciones, decidimos vender y mudarnos a un lugar más grande. Fui bastante terco con el precio y durante casi un año no hubo compradores, y todo el mundo me decía que lo bajara.
Pero yo creía que, si de verdad deseas algo, al final ocurre. Y ocurrió. Llegó un comprador, le encantó desde el primer momento y todo el proceso fue rápido y limpio.
Ahí fue cuando nuestro pequeño plan se convirtió en algo mayor. En lugar de otro apartamento, decidimos buscar una casa antigua y reformarla para la siguiente etapa de nuestra vida. Después de muchísimas visitas, por fin encontramos la casa perfecta.

El objetivo del proyecto de la Movan House no era solo diseñar un hogar singular, sino también experimentar con ideas que siempre nos habían generado curiosidad. Queríamos romper el código.

Como profesor, siempre pruebo nuevos enfoques en mis clases, y mi mujer introduce constantemente cambios en sus joyas añadiendo detalles. Como diseñadores, la idea de un “marco” fijo siempre nos ha resultado difícil de aceptar. En lugar de seguir formatos predeterminados, queríamos crear el tipo de casa que realmente deseábamos. No empezamos este proyecto imaginando una casa elegante para mostrar a los demás. Lo más importante era cómo la viviríamos nosotros mismos y qué tipo de inspiración podríamos recibir al habitarla.

Por eso elegimos estructuras e ideas de interior poco habituales en viviendas convencionales. Incluso si algunos intentos fracasaban, creíamos que el proceso nos enseñaría algo nuevo.

Bumi_before

Movan House en construcción

G
construction
during construction (1.2)

Uno de esos intentos es la gran ventana vertical de la cocina.

A diferencia de las casas coreanas típicas, donde los grandes ventanales miran al sur, nuestra ventana vertical mira al norte. El lado sur da a un callejón, así que allí mantuvimos ventanas más pequeñas para preservar la privacidad. Queríamos alejarnos de los métodos habituales y probar nuestro propio enfoque.
El techo de ese espacio supera los siete metros de altura, algo muy poco común en la vivienda residencial en Corea. Como el solar no era grande, decidimos desde el principio construir en altura y crear esa sensación de apertura que siempre habíamos soñado. Debido a la inclinación de la estructura de las ventanas, cada una acabó teniendo una forma distinta. Normalmente este tipo de ventanas se instalan con grúa, pero las condiciones de la parcela no lo permitían. Al final, el equipo de construcción tuvo que subir los paneles de vidrio a mano por las escaleras.

También diseñamos y fabricamos todo el mobiliario a medida. Para nosotros, una casa contiene las historias de un periodo concreto de la vida, y por eso es difícil basarse solo en números o estándares.
En lugar de seguir pautas generales como el tamaño de los tiradores o el peso de una silla, intentamos decidir cada cosa según nuestras propias sensaciones. El proceso fue complejo y exigente, pero pequeños detalles como la forma de un pomo o el tamaño de una ventana del baño hicieron que la casa se sintiera cada vez más nuestra.

facades(1)_VSCO

En lugar de crear una casa completamente centrada en los niños, queríamos que nuestros hijos existieran de forma natural en un espacio donde también se respeta la vida adulta. Por eso mantuvimos los espacios conectados dentro del flujo general de la casa, asegurándonos al mismo tiempo de que los materiales y la circulación fueran seguros.
Los niños se adaptan mucho más rápido de lo que imaginamos.

TMC 1961, Miguel Milá.

Sylvestrina 1974, Enric Sòria, Jordi Garcés.

El proceso de construcción fue tan intenso que, incluso después de mudarnos, tardamos un tiempo en poder apreciar plenamente la casa, pero cuando nuestros amigos venían y nos decían lo bonita que era, empezamos a sentir que todo había valido la pena. Fue un momento de grandes cambios en nuestras vidas, y aprendimos mucho a través de él. En muchos sentidos, la casa sigue siendo un trabajo en curso. Lo que sí es seguro es que vivir aquí nos ha hecho preocuparnos menos por cómo ven la casa los demás y más por cómo la vivimos nosotros.

Este hogar se siente cada vez más como un lugar para descubrirnos a nosotros mismos, no solo como un sitio donde vivir. También nos gustó descubrir cómo los espacios empiezan a parecerse a las personas que los utilizan. Al final, el espacio parece absorber la mente de quien lo habita. Al final, el espacio parece absorber la mente de quien lo habita. Por ejemplo, el comedor, donde pasamos más tiempo mi hijo y yo, se parece mucho a mi mujer: luminoso, sencillo, elegante y natural. En cambio, la habitación que utilizo yo es más oscura y se siente como un lugar de retiro y soledad.

Del mismo modo que las personas tienen personalidades diferentes, cada espacio parece desarrollar su propio carácter.

Yo suelo empezar por la imagen general y después rellenar los detalles. Mi mujer hace justo lo contrario: comienza con los pequeños detalles y va construyendo el conjunto. Cuando nuestras opiniones diferían, intentábamos no pensar en quién tenía razón, sino en qué sensación dejaría cada elección en nuestra vida cotidiana.

La lámpara suspendida de Santa & Cole es un buen ejemplo. Mi mujer siempre había soñado con instalar una lámpara colgante así, pero encontrar una adecuada para una cocina de siete metros de altura era casi imposible.

Bumi_04

Moaré 2003, Antoni Arola.

BC 1995, Equipo Santa & Cole

Finalmente dio con el diseño perfecto de Santa & Cole, una marca que siempre había querido tener en la casa de sus sueños. Por suerte, pudimos negociar un cable de tres metros y diseñamos un pequeño dispositivo para colgar la luminaria. Todo el proceso tuvo que realizarse a mano y a medida.

Hay que construir experiencia y conocerse a uno mismo. Hay que entender qué es lo que de verdad te gusta, qué hace que los ojos se te iluminen al verlo. Cuando lo entiendes, puedes ir incorporando poco a poco esas preferencias a tu espacio.

A veces puede parecer que estás solo en ese lugar. Pero cuando alguien lo mira y dice: “Este espacio se parece mucho a ti”, probablemente significa que ya estás viviendo feliz allí.

Bumi_06